No volváis aquí nunca más 26/03/2013 at 1:53 am
Llevábamos mucho tiempo planeando y esperando unas magníficas vacaciones, tres amigos dispuestos a vivir nuevas aventuras, claro, no sin reservar unos días para el relax, que tanto nos hacía falta. Dos chicas y un atractivo amigo de la infancia que deciden alquilar una pequeña casa en las afueras para adentrarse en un mundo diferente al que estaban acostumbrados. La primera noche fue realmente estupenda, después de dejar las maletas, considerando que era sábado y que estábamos de vacaciones, salimos de fiesta y conocimos a personas realmente atractivas y muy divertidas. Con mucho alcohol en las venas y predispuestos a hacer divertidas locuras, decidimos seguir con la fiesta en casa invitando a un grupo de amigos compuestos por dos preciosas mujeres y cuatro atractivos caballeros. Me costaba recordar todos los momentos de aquella noche, al día siguiente sólo recordaba que nos divertimos como nunca antes y que al llegar la mañana nuestros nuevos amigos se habían ido.
Después de tanta fiesta decidimos relajarnos viendo películas y comentando lo poco que recordábamos de la noche anterior, no había nada de lo cual arrepentirse, lo habíamos pasado muy bien y pensábamos seguir haciéndolo cuando volvieran nuestras fuerzas, que por ese día, nos habían abandonado. La primera semana fue estupenda, haciendo turismo, practicando deportes, conociendo los mejores bares y restaurantes de la zona y relajándonos cuando podíamos. Había llegado el fin de semana y éramos conscientes de que la noche era nuestra, hasta entonces no habíamos vuelto a ver a aquel grupo de amigos, sin embargo fue como si ellos nos estuvieran esperando, la noche se tornó divertida pero sin siquiera aproximarse al fin de semana anterior, por lo menos para mí, tal vez por el cansancio que sentía después de una semana tan ajetreada, sin embargo nuestros nuevos amigos insistieron en que fuéramos a nuestra casa y con el apoyo de mis amigos así lo hicimos.
De repente me dio la sensación de que según iban ocurriendo las cosas, empezaba a recordar todo lo que había pasado el sábado anterior, fue como vivir la misma historia. Mi amigo engatusado por aquellas dos preciosas mujeres, decidió seguir la fiesta abandonando la casa, le pregunté donde iba, pero antes de que se le diera tiempo a responderme una de las chicas lo calló con un largo beso y se marcharon. Vi a mi amiga sentada en el sofá en medio de dos de los chicos, yo seguía con la sensación de que todo aquello ya había ocurrido. Me entraron ganas de poner fin a la fiesta, pero tanto mi amiga como los chicos se estaban divirtiendo y no quería aguarles la fiesta, tampoco quería dejar sola a mi amiga porque me daba la sensación de que había perdido la cabeza, intenté relajarme, pero un rato después, el miedo se apoderó de mi, fue en el momento en que vi a uno de los chicos abofetear a mi amiga, mientras el otro la mordía, ella comenzó a gritar e intentaba escapar, cuando vi que estaba sangrando, más que una pesadilla sentí que estaba viviendo en un cuento de terror, intenté ayudarla pero los otros chicos me sujetaron del brazo y del pelo y comenzaron a hacer lo mismo conmigo, en ese momento no podía entender cómo no nos habíamos acordado que aquello ya había pasado.
Nos hicieron cosas terribles que me duelen recordar, sin embargo todo lo que nos hacían ya lo habíamos vivido, tanto dolor me dejó inconsciente. Me desperté alterada, todo había desaparecido, los chicos, mi amiga, la horrible escena, sólo podía ver las paredes de mi habitación, me levanté de mi cama y fui corriendo a la habitación de mi amiga, donde ella dormía tranquilamente, la desperté. Tanto ella como mi amigo no recordaban nada de la noche anterior, pero lo más desconcertante fue que en nuestros cuerpos no se veía ni un solo rasguño. Les conté todo lo que había sucedido, sin embargo ellos se echaron a reír, intentaron convencerme de que había sido una pesadilla ya que esas cosas sólo suceden en los cuentos de terror. Yo sabía que no había sido una pesadilla y sin medir las consecuencias fui corriendo a poner una denuncia, sin embargo no contaba con ninguna prueba convincente. Con el apoyo de mis amigos, o más bien, obligándolos a testificar pusimos la denuncia y nos fuimos a casa. La semana siguiente fue terrible, nuestras vacaciones se habían desmoronado, la casa me parecía una prisión donde esperaba alguna respuesta. Constantemente corría hacia el teléfono y respondía, sin embargo mis amigos aseguraban que el teléfono nunca sonaba, estaban realmente preocupados por mí, ya no se divertían por mi culpa, querían volver a la ciudad, pero no lo hacían por no dejarme sola en medio de toda aquella locura. Aunque ellos aseguraban que el teléfono no sonaba, siempre había alguien al otro lado de la línea, podía oír su respiración, pero no decía nada, quizá para aumentar mi tormento. Un día tras otro pasaba, mis continuas visitas a la comisaría no daban ningún fruto, había perdido mucho peso, no comía, apenas dormía, el terror de aquella noche me atormentaba a todas horas.
Los sábados éramos los primeros en llegar y los últimos en irnos de aquel local donde los conocimos, pero no los volvimos a ver y la fecha de volver a casa había llegado, mis amigos no podían seguir a mi lado ya que tenían muchas responsabilidades que cumplir, yo no sentía ninguna fuerza para seguir con mi vida normal después de lo sucedido, sin embargo no me quedaba otra. Fui por última vez a la comisaría y me comunicaron que la búsqueda estaba siendo un verdadero fracaso, me preguntaron si recordaba sus rostros, para poder así recurrir a un retrato robot. Encantada me ofrecí a ello, nunca podría olvidar aquellos rostros aunque nunca más los volviera a ver. Mis amigos que también los conocían colaboraron en la descripción, hasta por fin obtener una imagen concreta para cada una de las seis personas a quienes buscábamos. Podía ver en las caras de mis amigos, que para ellos, aquello era una verdadera locura, un cuento sin sentido, pero aún así, guiados tal vez por el terror que veían en mis ojos todos los días, no vacilaron en apoyarme.
Cuando los agentes volvieron, pude ver en el rostro de cada uno, una expresión extraña, no sabía lo que irían a decir, pero sabía que tenían la respuesta, una respuesta que jamás hubiera imaginado. Después de vacilar por unos minutos, uno de ellos dijo. Hemos reconocido los retratos, sabemos quiénes son. En ese momento mi corazón latía más de prisa, una alegría inmensa se apoderó de mí, no estaba loca, lo sabía. Los hemos reconocido, sin embargo no pueden ser ellos. Por qué no. Porque están muertos. Nos tuvieron que mostrar miles de pruebas convincentes hasta conseguir convencernos.
Están muertos, llevan más de 10 años muertos, fueron quemados por los vecinos después de invitar a unas jóvenes del pueblo a seguir la fiesta en casa. Eran turistas, siempre turistas, vienen aquí en busca de emociones fuertes y no respetan ni a las personas ni sus sentimientos. Pobres niñas, violadas, mordidas, increíblemente una de las tres sobrevivió y los delató. Fueron días muy duros, hoy ya nadie habla de ello para evitar el dolor, sin embargo todos lo recuerdan como si hubiera pasado ayer. Un consejo gratuito, coged vuestras cosas y marchaos de aquí, esto es un pueblo, marchaos antes de que alguien se entere de lo ocurrido, de esta absurda broma, no tenéis ni idea de lo que os puede llegar a pasar si alguien se entera, coged vuestras cosas y no volváis aquí nunca más.
Irónicamente, mi amiga está internada en un psiquiátrico. Mi amigo no ha vuelto a dirigirme la palabra, no sé por qué, me echa la culpa de todo, su psicólogo me aconseja que tenga paciencia, que ve avances en su recuperación. Sinceramente no sé cómo no he perdido la cabeza yo también. Por qué estoy aquí escribiendo sobre lo sucedido. Qué razones y que respuestas hay en este mundo para mi, no lo sé, sólo sé que aquellas vacaciones cambiaron mi vida y las de mis amigos para siempre. Hubiera preferido perder la cabeza en aquel lugar y no tener que vivir con esto que siento.



