Desde que empecé a andar con mi novia, me aficioné casi al instante al alpinismo de salón. Ya sabes, aquel que puedes practicar en unos largos muros en donde además de contar con rocas a modo para agarrarse, el instructor te sujeta a un arnés con el propósito de que si llegas a caerte no te lastimes.

pico de la muerte

Cada fin de semana que íbamos ahí, mi novia me decía que si quería experimentar la verdadera sensación del alpinismo, debía hacerlo en una montaña verdadera. Como ya me tenía cansado de tanta insistencia, le sugerí que por qué no ella era la encargada de elegir la ruta y que a más tardar estaríamos allá a fin de mes.

Ni tarda ni perezosa, una tarde me tomo por el cuello y me dijo entusiasmada:

– Cariño, localicé el lugar indicado. Aunque debo advertirte que la gente cuenta leyendas de terror cortas sobre ese lugar.

– ¿En serio? ¿Cuál es? Cuestioné intrigado.

– Es el “Pico de la Muerte”. Ese en donde dicen que al menos un alpinista muere cada año. Lo bueno es que hasta el momento no se ha registrado ningún deceso en la zona. Respondió de manera burlona.

Llegamos a ese sitio y con tan solo alzar la cabeza hacia arriba, se podía ver en el rostro de la muerte en cada una de las pendientes de la montaña. Traté por todos los medios de persuadir a mi amada para que no emprendiéramos tal hazaña, sin embargo ella continuaba empecinada en seguir su plan.

Me expresó sumamente molesta:

– Si tú no quieres, no lo hagas “gallina”. Quédate aquí abajo y observa cómo llego a la cima.

Tomo sus cosas y se fue. Muy pronto deje de verla, pues el sol dificultaba mi visión.

Lo que nunca olvidaré fue la manera en que gritó cuando cayó de la montaña. Fue un grito tan desgarrador que retumbó hasta en mi médula espinal.

Ninguna vez debemos tomar a la ligera los Cuentos de terror.

Cuento de terror, el pico de la muerte

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