Category / Asesinos

Fantasia medicinal 12/04/2012 at 2:49 am

Daniel, siempre confundido por su infancia mantenía vagos recuerdos que trataba de hilar, a menudo se despertaba temblando conmocionado por las imágenes de abuso que en su almohada se tejían, sudaba frió tratando de comprender si eran recuerdos reales o solo ficción. Aunque cerraba sus ojos no podía volver a dormir.

Desde niño fue cariñoso con animales, y sus padres  abusivos y descuidados le permitían tener infinidad, (creían que su falta de cariño podría ser cubierta por estos peludos seres), a menudo guiado por instintos humanitarios, rescataba a los gatitos y perritos que encontraba mal heridos en las calles aledañas, y descubrió que en sus manos tenia un don innato de salvar vidas, por lo cual convirtió su peculiar habilidad en su profesión. Su infancia transcurrió entre heridas y maullidos de dolor recurrentes en pesadillas que lograban tenerlo en vela.

A la edad de 19 años se convirtió en paramedico de la respetable institución Cruz Roja, había desarrollado, por su “hobbie”, un control total de sus emociones, ya no le causaba asco el ver sangre o contenido encefálico regado en el asfalto, lo mismo le daba ver un fémur roto por un choque, que un balazo en la cien.

Se empezó a hacer cada vez mas frió y seco, en vez de preocuparse por seguir haciendo lo que mejor hacia, se quedaba contemplando las heridas y ese olor a hierro que solo las grandes hemorragias desprenden, a veces se imaginaba en provocar accidentes para ver realizadas sus fantasías especificas, que únicamente en sus sueños había visto, quería tener al paciente perfecto a bordo de su ambulancia aquel que fuera un reto mantener vivo, lo llamaba su “orgasmo medicinal ”. Con cada va y ven de los ruidos de la sirena, se empapaban de sudor sus guantes de látex, la adrenalina de que esta vez fuera ese paciente, solo encontraba esas emociones cuando despertaba jadeante.

Harto de esperar varios años consumido por la ansiedad de su insomnio, decidió que esa noche de guardia encontraría a su paciente, de repente un ruido con voz de mando se escucho, sonó la radio de su unidad –¡Ambulancia 11!-
-Adelante, respondió con agitación, – diríjase a sulivan- , -Voy para allá!,.
Sulivan era un lupanar, un sinfín de prostitutas paraban las nalgas en espera de esos billetes que la llevaran al hotel por 20 minutos. Siempre había acción allí.

Prendió las luces de su ambulancia y ordeno a su operador que pisara a fondo el acelerador, tenía un extraño presentimiento.

Hotel de la lujuria

Al llegar los escotes y minifaldas le indicaron donde se encontraba el convaleciente, subió las escaleras de un hotel derruido por la lujuria, un olor que conocía se hizo presente, al abrir la puerta no podía dar crédito a lo que veían sus ojos, era una escena salida de las penumbras de sus sueños, tras de el cerro la puerta, aquellas paredes de color blanco brillante se encontraban cubiertas por un rojo intenso y espeso alguien había empapado las paredes con sangre, ese olor a hierro que solo las grandes hemorragias desprenden se metió en su nariz provocándole que sus bellos se erizaran, se enfoco y comenzó su búsqueda, no estaba en la cama , ahí solo estaban  restos de la  macabra escena, instrumentos médicos que el conocía bien, de repente escucho unos sollozos provenientes del baño, se asomo para dar cuenta del lúgubre hallazgo, una mujer de piel blanca y cabellos ondulados yacía suspendida sobre la tina, amarrada de pies y manos con sus propios tendones, diseccionada por completo.

Estaban descubiertos sus órganos, era como un flotante libro de anatomía viviente, todos y cada uno de sus huesos estaban expuestos, todos sin fractura, de su cráneo colgaban de las cuencas oculares dos globos secos, los ojos desprendidos, que se movían de lado a lado sacudiéndose cada que una gota de la vieja regadera caía sobre la frente blanca y descubierta de lo que fue su hermoso rostro, ahora solo era cráneo, en las manos sobresalían los dedos descarnados, aun conservaban la unión articular que permitía a las uñas postizas zarandearse lentamente de agonía, los implantes de los senos colgaban hacia cada lado dejando expuesto un tórax que ya no tenia protección alguna hacia el corazón y pulmones. Esas alicatas de la cama habían hecho tan peculiar trabajo, los 8 metros de intestino se desbordaban a los lados y habían creado en el fondo de la tina un charco putrefacto lleno de moscas  que no se inmutaban ante su presencia, estaba conectada a una solución salina , un suero que a pesar de la perdida de sangre funcionaba para mantenerla viva  inyectando medicamentos, un deja vú de sus sueños golpeo su estetoscopio cuando le pregunto -Como te llamas?, sobresaltada, reconocio la voz y de su mandíbula desnuda,  brillaron unos dientes pegados a una encía roja, con pánico e ira  le grito–¡Ya mátame Daniel !, el se rió babeante y frenético, respondió excitado,
-  Te pague por un orgasmo de 20 minutos y acabo de llegar.

FIN —-

Este cuento de terror a sido enviado por Eddie al que damos las gracias

Esa extraña voz de la radio 21/03/2012 at 4:17 am

Esta historia que voy a contarles me sucedió a mí personalmente, hace ya unos años. Todo es real, todo lo que cuento pasó realmente… Ya es cosa de ustedes si me creen o no.

En aquella época, yo tenía algunos problemas de insomnio. Me costaba dormir por las noches, coger el sueño sobre todo. Me despertaba en mitad de la madrugada y ya no podía volver a dormirme. Si alguno de ustedes ha pasado por eso, me entenderá. Es una sensación de impotencia total, el querer dormirte para descansar y no poder, dar vueltas y vueltas en la cama…

Imsomnio

Ante ese panorama, decidí que a lo mejor, escuchando algún aburrido programa de radio, podría conciliar el sueño de una vez por todas. Así que cada noche me acostaba con mi pequeño transistor, sin ni siquiera auriculares, colocando el aparato justo al lado de mi cabeza, en la almohada. Escuchaba programas diversos, de deportes, de humor, de debate… El caso es que al final, en vez de aburrirme, me divertía con aquellos programas, les fui cogiendo gusto.

Mi problema de sueño seguía, y aunque ahora estaba algo más entretenido por las noches, no podía seguir sin dormir, porque el cansancio acumulado ya empezaba a afectarme gravemente en mis estudios e incluso en las relaciones con mis amigos y familiares. Así que decidí pasar de esos entretenidos programas, y busqué algo más tranquilo, algo relajante, que de verdad me diera ganas de dormir. Y lo encontré…

En una emisora que no se cogía del todo bien, con algo de ruido, encontré un programa que empezaba a medianoche, un programa algo extraño… Se basaba en poner músicas relajantes, con sonidos de la naturaleza, acompañadas de cuando en cuando por una voz, una voz de mujer muy atrayente, que contaba historias como si fuese una madre que quiere dormir a su hijo. No sé cómo, pero al poco de escuchar ese programa, yo ya estaba dormido como un tronco. Al día siguiente igual, y al otro, y al otro. Por fin había encontrado mi terapia ideal para conciliar el sueño. Las tranquilas melodías que sonaban en aquel programa y aquella voz tan melosa y adormecedora me servía de arrullo para dormir cada noche a pierna suelta.

No recuerdo exactamente cuanto llevaba escuchando el programa. Lo que si recuerdo es que era una noche de Domingo. Al día siguiente tenía un examen a primera hora, e intenté acostarme temprano para estar lo más despierto posible. Sin embargo, llegó la medianoche, y seguía dando vueltas en la cama, así que decidí poner la radio y escuchar aquel programa, seguro de que con su ayuda conseguiría caer en los brazos de Morfeo.

Como tenía la emisora ya cogida de los días anteriores, solo tuve que encender la radio para escuchar aquella voz tan enigmática e intrigante. Seguía siendo la misma, pero hoy tenía un matiz diferente. Como más oscuro… La música, igualmente, parecía sacada de una película de terror. La historia que contaba aquella voz no era ni por asomo parecida a las otras. Era algo mucho más oscuro y desquiciante, la historia de una mujer que se volvía loca y comenzaba a matar a todos los que se lo ponían por delante.

La voz iba mimetizándose con la historia, hasta tomar un tono también de cierta locura, que me provocaba inquietud, y la música no ayudaba demasiado a que pudiese dormirme. Esta empezando a asustarme de verdad, por lo que decidí apagar la radio. Pero justo cuando iba a hacerlo, la voz gritó, de forma escalofriante.

-        ¡¡NOO!! No lo hagas. No apagues la radio. Ahora no…

Aquello me dejó helado. Era absurdo, pero parecía que aquella voz se refería a mí… que me estaba hablando directamente a mí. Y me pedía que no apagase la radio…

-        Te he acompañado muchas noches. He sido como una madre para ti. Te he arropado, te he cantado y contado cuentos para que te durmieras feliz. Ahora no puedes terminar con esto así… Debes acabar de escuchar la historia.

Estaba paralizado por el terror. Ahora ya no había dudas, aquella voz me estaba hablando a mí. No sabía que hacer, y aunque lo hubiese sabido, seguramente no habría podido hacer nada. Estaba totalmente congelado de puro miedo.

-        ¿Acaso no te gusta la historia de hoy? Es una historia diferente, sí, algo más… oscura. Pero es muy bonita, en el fondo. Y tiene un final feliz. Al final, la mujer se queda libre y tranquila, después de haber acabado con todos los que le hicieron daño alguna vez… Fue juzgada y murió después de una larga condena en la cárcel. Pero murió tranquila y satisfecha. Y lo sé porque aquella mujer soy yo.

No lo podía creer. Si aquello era cierto, ¿había estado escuchando la voz de una asesina durante todo ese tiempo? ¿La voz de una muerta? ¿Qué quería ahora de mí?

-        Eres el único que nos escucha todos los días. Siempre estás ahí. Y te lo queremos agradecer… Queremos hacerte una visita, una visita amistosa… Y proponerte que tú también te unas a este programa… que te vengas aquí a hablar conmigo, para que podamos conocernos, y tu puedas ser el nuevo locutor del programa…

Aquello me sobrepasaba. Estaba sudando y casi no podía ni respirar. ¿Aquella supuesta voz era la de una asesina que había muerto, y ahora quería llevarme a mí con ella? No sé cómo encontré el valor suficiente para agarrar el pequeño transistor y lanzarlo contra la pared, donde se estrelló y se hizo añicos. En ese momento todo cesó. La voz, la música… Todo estaba en calma. Pero aquella noche no pude dormir, ni a la siguiente, ni a la otra.

Solo con el tiempo he conseguido volver a conciliar el sueño de una manera más o menos normal. Pero desde entonces no he podido volver a escuchar la radio. Le tengo auténtico pánico. Y aún hoy, años después de aquello, todavía me parece escuchar esa misteriosa voz, como de lejos, mientras doy vueltas en la cama intentando dormir…

La muñeca 17/03/2012 at 3:52 am

Yo siempre veía a mi hermana con una muñeca misteriosa la cual no sabía su procedencia pero era horriblemente fea con una sospechosa sonrisa en la cara y con ojos bien grandotes,

La muñeca

en fin, un dia desperté de mi cama, me dirigi al cuarto de mi hermana para ver si ya había despertado pero lo que vi me dejo perplejo;

¡¡¡mi hermana estaba levitando!!!

No me lo podía creer, tenía las sabanas por encima pero cláramente estaba levitando pues apenas rozaban la cama, pero lo peor era que la muñeca estaba de pié en el estómago de mi hermana, era como algún tipo de ritual que no lograba entender, aunque tampoco lo pensé mucho y como acto reflejo encendí la luz, en un abrir y cerrar de ojos mi hermana callo sobre el colchón y la muñeca rodó por el suelo.

Corrí rápido a buscarla y la agarré y de un golpe y porrazo la metí en un baúl que tiene mi hermana en el cuarto, y cerré con llave.

En seguida revisé que mi hermana estuviese bien y la desperté suavemente y solo logré a comprender que me dijo;

-¿Que haces Marcos? ¡¡¡Déjame dormir!!!

Esas palabras me calmaron muchísimo, definitivamente mi hermana estaba bien, por lo que me guardé la llave del baúl y después de horas intentándolo me dormí.

A la mañana siguiente y tras pensarlo tranquilamente decidí no contárselo a nadie pues pensarían que estaba loco, así que lo dejé correr, además iban pasando los días y las semanas y no pasaba nada, por lo que me fui olvidando del tema.

Mi hermana me preguntó muchas veces si sabía donde estaba la llave del baul que ella estaba convencida de que su muñeca tenía que estar allí pues era el único sitio de la casa que le quedaba por mirar, lógicamente le mentí y le dije que no sabía donde estaba.

Un día mis padres salieron a una cena de empresa por lo que me quedé al cuidado de mi hermana, la acosté a eso de las 10 y me baje a mi cuarto a ver la televisión y me quede dormido hasta que a eso de las 12 escuché un ruido abajo, coji mi bate de beisbol y baje corriendo las escaleras, al comprobar que todo estaba bien volví a mi cuarto, en cuanto me estiré en la cama, escuche el grito enfermizo de mi hermana, fui corriendo otra vez bate en mano y lo que vi en cuanto abrí la puerta de su cuarto fue algo espeluznante, quizás de lo peor que puedan ver unos ojos, lo primero que vi era a mi hermana de pie en su cama gritando como loca mirando al suelo al otro lado de su cama, enseguida giré la mirada y vi a mis padres degollados ¡¡¡sin cabeza!!! un regero de sangre inundaba toda la habitación, acto reflejo miré al baúl ¡¡¡estaba abierto!!! agarré a mi hermana en brazos y corrí sin mirar atrás.

Mi hermana quedó sin habla durante más de 2 años, fue entonces cuando me confesó que ella estaba durmiendo cuando mamá la despertó al llegar de la cena para darle un beso como cada noche y le dijo que encontró en mi cuarto las llaves del baul que si quería que le buscara la muñeca en él para dormir con ella, lógicamente respondió que sí, y al abrir el baúl la muñeca salió disparada cortando el cuello de la mujer con un trozo afilado de metal, acto seguido se abalanzó sobre el padre con idéntico resultado y procedió a arrancarles la cabeza y que en ese mismo momento en que yo llegué y sin saber el motivo la muñeca se escondió debajo de la cama.

Hoy hace 20 años de Aquel suceso, mi hermana lleva desde los 18 años en un psiquiátrico y yo sufro de terrores nocturnos una noche si, y la otra también, al menos nunca más supimos de aquella muñeca.

FIN