No volváis aquí nunca más 26/03/2013 at 1:53 am

Llevábamos mucho tiempo planeando y esperando unas magníficas vacaciones, tres amigos dispuestos a vivir nuevas aventuras, claro, no sin reservar unos días para el relax, que tanto nos hacía falta. Dos chicas y un atractivo amigo de la infancia que deciden alquilar una pequeña casa en las afueras para adentrarse en un mundo diferente al que estaban acostumbrados. La primera noche fue realmente estupenda, después de dejar las maletas, considerando que era sábado y que estábamos de vacaciones, salimos de fiesta y conocimos a personas realmente atractivas y muy divertidas. Con mucho alcohol en las venas y predispuestos a hacer divertidas locuras, decidimos seguir con la fiesta en casa invitando a un grupo de amigos compuestos por dos preciosas mujeres y cuatro atractivos caballeros. Me costaba recordar todos los momentos de aquella noche, al día siguiente sólo recordaba que nos divertimos como nunca antes y que al llegar la mañana nuestros nuevos amigos se habían ido.

Después de tanta fiesta decidimos relajarnos viendo películas y comentando lo poco que recordábamos de la noche anterior, no había nada de lo cual arrepentirse, lo habíamos pasado muy bien y pensábamos seguir haciéndolo cuando volvieran nuestras fuerzas, que por ese día, nos habían abandonado. La primera semana fue estupenda, haciendo turismo, practicando deportes, conociendo los mejores bares y restaurantes de la zona y relajándonos cuando podíamos. Había llegado el fin de semana y éramos conscientes de que la noche era nuestra, hasta entonces no habíamos vuelto a ver a aquel grupo de amigos, sin embargo fue como si ellos nos estuvieran esperando, la noche se tornó divertida pero sin siquiera aproximarse al fin de semana anterior, por lo menos para mí, tal vez por el cansancio que sentía después de una semana tan ajetreada, sin embargo nuestros nuevos amigos insistieron en que fuéramos a nuestra casa y con el apoyo de mis amigos así lo hicimos.

De repente me dio la sensación de que según iban ocurriendo las cosas, empezaba a recordar todo lo que había pasado el sábado anterior, fue como vivir la misma historia. Mi amigo engatusado por aquellas dos preciosas mujeres, decidió seguir la fiesta abandonando la casa, le pregunté donde iba, pero antes de que se le diera tiempo a responderme una de las chicas lo calló con un largo beso y se marcharon. Vi a mi amiga sentada en el sofá en medio de dos de los chicos, yo seguía con la sensación de que todo aquello ya había ocurrido. Me entraron ganas de poner fin a la fiesta, pero tanto mi amiga como los chicos se estaban divirtiendo y no quería aguarles la fiesta, tampoco quería dejar sola a mi amiga porque me daba la sensación de que había perdido la cabeza, intenté relajarme, pero un rato después, el miedo se apoderó de mi, fue en el momento en que vi a uno de los chicos abofetear a mi amiga, mientras el otro la mordía, ella comenzó a gritar e intentaba escapar, cuando vi que estaba sangrando, más que una pesadilla sentí que estaba viviendo en un cuento de terror, intenté ayudarla pero los otros chicos me sujetaron del brazo y del pelo y comenzaron a hacer lo mismo conmigo, en ese momento no podía entender cómo no nos habíamos acordado que aquello ya había pasado.

Nos hicieron cosas terribles que me duelen recordar, sin embargo todo lo que nos hacían ya lo habíamos vivido, tanto dolor me dejó inconsciente. Me desperté alterada, todo había desaparecido, los chicos, mi amiga, la horrible escena, sólo podía ver las paredes de mi habitación, me levanté de mi cama y fui corriendo a la habitación de mi amiga, donde ella dormía tranquilamente, la desperté. Tanto ella como mi amigo no recordaban nada de la noche anterior, pero lo más desconcertante fue que en nuestros cuerpos no se veía ni un solo rasguño. Les conté todo lo que había sucedido, sin embargo ellos se echaron a reír, intentaron convencerme de que había sido una pesadilla ya que esas cosas sólo suceden en los cuentos de terror. Yo sabía que no había sido una pesadilla y sin medir las consecuencias fui corriendo a poner una denuncia, sin embargo no contaba con ninguna prueba convincente. Con el apoyo de mis amigos, o más bien, obligándolos a testificar pusimos la denuncia y nos fuimos a casa. La semana siguiente fue terrible, nuestras vacaciones se habían desmoronado, la casa me parecía una prisión donde esperaba alguna respuesta. Constantemente corría hacia el teléfono y respondía, sin embargo mis amigos aseguraban que el teléfono nunca sonaba, estaban realmente preocupados por mí, ya no se divertían por mi culpa, querían volver a la ciudad, pero no lo hacían por no dejarme sola en medio de toda aquella locura. Aunque ellos aseguraban que el teléfono no sonaba, siempre había alguien al otro lado de la línea, podía oír su respiración, pero no decía nada, quizá para aumentar mi tormento. Un día tras otro pasaba, mis continuas visitas a la comisaría no daban ningún fruto, había perdido mucho peso, no comía, apenas dormía, el terror de aquella noche me atormentaba a todas horas.

Los sábados éramos los primeros en llegar y los últimos en irnos de aquel local donde los conocimos, pero no los volvimos a ver y la fecha de volver a casa había llegado, mis amigos no podían seguir a mi lado ya que tenían muchas responsabilidades que cumplir, yo no sentía ninguna fuerza para seguir con mi vida normal después de lo sucedido, sin embargo no me quedaba otra. Fui por última vez a la comisaría y me comunicaron que la búsqueda estaba siendo un verdadero fracaso, me preguntaron si recordaba sus rostros, para poder así recurrir a un retrato robot. Encantada me ofrecí a ello, nunca podría olvidar aquellos rostros aunque nunca más los volviera a ver. Mis amigos que también los conocían colaboraron en la descripción, hasta por fin obtener una imagen concreta para cada una de las seis personas a quienes buscábamos. Podía ver en las caras de mis amigos, que para ellos, aquello era una verdadera locura, un cuento sin sentido, pero aún así, guiados tal vez por el terror que veían en mis ojos todos los días, no vacilaron en apoyarme.

Cuando los agentes volvieron, pude ver en el rostro de cada uno, una expresión extraña, no sabía lo que irían a decir, pero sabía que tenían la respuesta, una respuesta que jamás hubiera imaginado. Después de vacilar por unos minutos, uno de ellos dijo. Hemos reconocido los retratos, sabemos quiénes son. En ese momento mi corazón latía más de prisa, una alegría inmensa se apoderó de mí, no estaba loca, lo sabía. Los hemos reconocido, sin embargo no pueden ser ellos. Por qué no. Porque están muertos. Nos tuvieron que mostrar miles de pruebas convincentes hasta conseguir convencernos.

Están muertos, llevan más de 10 años muertos, fueron quemados por los vecinos después de invitar a unas jóvenes del pueblo a seguir la fiesta en casa. Eran turistas, siempre turistas, vienen aquí en busca de emociones fuertes y no respetan ni a las personas ni sus sentimientos. Pobres niñas, violadas, mordidas, increíblemente una de las tres sobrevivió y los delató. Fueron días muy duros, hoy ya nadie habla de ello para evitar el dolor, sin embargo todos lo recuerdan como si hubiera pasado ayer. Un consejo gratuito, coged vuestras cosas y marchaos de aquí, esto es un pueblo, marchaos antes de que alguien se entere de lo ocurrido, de esta absurda broma, no tenéis ni idea de lo que os puede llegar a pasar si alguien se entera, coged vuestras cosas y no volváis aquí nunca más.

Irónicamente, mi amiga está internada en un psiquiátrico. Mi amigo no ha vuelto a dirigirme la palabra, no sé por qué, me echa la culpa de todo, su psicólogo me aconseja que tenga paciencia, que ve avances en su recuperación. Sinceramente no sé cómo no he  perdido la cabeza yo también. Por qué estoy aquí escribiendo sobre lo sucedido. Qué razones y que respuestas hay en este mundo para mi, no lo sé, sólo sé que aquellas vacaciones cambiaron mi vida y las de mis amigos para siempre. Hubiera preferido perder la cabeza en aquel lugar y no tener que vivir con esto que siento.

 

Noche lluviosa 04/02/2013 at 8:14 pm

Estaba en mi habitación viendo la televisión, era de noche, cuando de pronto me dio sed, tuve ganas de tomarme una cerveza, me dirigí al refrigerador pero ya había acabado mi provisión; me decidí a salir a comprar un par al almacén de costumbre, me puse un impermeable pues estaba lloviendo torrencialmente.

Cuando llegué al lugar me puse a buscar mi marca preferida; entretanto se escuchó un bullicio, eran unos asaltantes que llegaron al almacén disparando por doquier y saqueando al cajero, con todo el barullo mi sed aumentó, sin importarme nada me dirigí hacia la puerta más cercana, saliendo a la calle con toda la lluvia encima me parecía todo aún más oscuro de lo que normalmente era, mi sed aumentaba y quería saciarla con cerveza; de pronto mi visión se posó a lo lejos sobre las luces de otro almacén, rápidamente tomé ese rumbo, resbalándome sin caer por esas aceras mojadas.

Llegué al lugar que era mucho más tranquilo que el anterior, ingresé con cierta precaución, el ambiente tenía una extraña calma, llamé con voz fuerte al que atendía, quien salió después de varios segundos diciéndome:

-       Buenas noches, te he estado esperando.

-       ¿Esperando? ¿Cómo? si yo acabo de conocer éste lugar. Lo único que quiero es comprar un par de cervezas para calmar mi sed.

-       mira a tu alrededor, aquí no encontrarás nada para saciar tu cuerpo, pues tu cuerpo yace tendido en aquél almacén al que fuiste y lamentablemente una bala atravesó tu corazón dejándote sin vida; tu alma por inercia sintió que todavía era presa de ése cuerpo, y sus costumbres y deseos, por eso creíste que éste era otro almacén, y que todavía seguías teniendo sed. pero ya no es así, si tú viniste aquí es por qué sólo te queda tu alma y desde aquí partirás hacia el lugar que te corresponde.

Cuento de terror enviado por Luis Enrique Vidal Crespo al que le damos nuestro más sincero agradecimiento.

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Sucesos que llevan a la locura 08/01/2013 at 2:07 pm

Sucesos que llevan a la locura

Mi marido y yo llevábamos meses buscando la casa perfecta hasta que por fin un día cuando pensábamos que debíamos abandonar la búsqueda y conformarnos con algo aproximado a lo que queríamos, la encontramos. Quedamos con un agente inmobiliario a quien en varias ocasiones y después de continuos fracasos habíamos descrito la casa de nuestros sueños, sin embargo no podíamos seguir buscando por mucho tiempo ya que se aproximaba el nacimiento de nuestro segundo hijo y queríamos estar instalados en nuestra nueva casa llegado el momento. Tanto por fuera como por dentro cumplía todos los requisitos que estábamos buscando, quedamos realmente fascinados y más tarde sorprendidos por el precio que pedían. Nos preguntamos cómo podría haber tanta diferencia en el precio, casi la mitad de lo que nos pedían por las otras casas que sin duda eran mucho más pequeñas y carentes de las maravillas que ofrecía esta preciosa casa.

Encantados por la suerte que habíamos tenido nos instalamos de inmediato, por una parte porque nos corría prisa y por otra parte porque teníamos miedo de que el dueño se arrepintiera y nos lo quitara de las manos. Después de pasar todo el día acomodando muebles, abriendo cajas y moviendo objetos de un lado a otro estábamos seguros de que esa noche dormiríamos como niños pequeños, pero desafortunadamente no fue así. Llevaba aproximadamente dos horas durmiendo cuando el terror se apoderó de la casa, había humo por todas partes, mi hijo lloraba desolado en brazos de su padre que intentaba despertarme. Intentamos salir de la habitación pero el fuego ya se había apoderado de toda la casa, nos parecía imposible llegar a la puerta principal y en medio del caos no recordábamos los demás puntos de salida que proporcionaba la nueva casa.

Lo último que recuerdo es que corríamos de un lado a otro desesperados por encontrar un punto de salida, mi hijo no paraba de llorar, yo lo miraba impotente y desesperada cuando de repente mi marido tropezó y los vi caerse por las escaleras hasta que pronto el fuego los envolvió y pude ver sus ojos fijos en los míos diciéndome adiós. Sólo podía oír el eco de mis gritos pidiendo socorro cuando de repente desperté, escuché como mi hijo lloraba y lo busqué con la mirada hasta encontrarlo en brazos de su padre en una habitación desconocida para mí y al ver una sonrisa en sus rostros volví a nacer. Pregunté donde estaba y la sonrisa en el rostro de mi marido se apagó, me dijo que llevaba tres días inconsciente en el hospital y que el bebé que llevaba dentro para desconcierto de los médicos había muerto asfixiado por la inhalación excesiva de humo, consternada pregunté por el incendio y él me respondió que tal incendio no había existido, que estaba muy cansada, que necesitaba descansar.

Para las demás personas pasaban los días y los meses mientras yo me había quedado estancada en un mundo de terror donde cada noche se repetía la misma historia, la misma pesadilla, el mismo cuento del cual no podía salir. Noche tras noche caminaba por los pasillos de aquella casa que tanto odiaba hasta llegar a una habitación donde siempre encontraba a mi pequeño jugando feliz hasta que de la nada aparecían las llamas y poco a poco lo consumía, todas las noches intentaba salvarlo pero cuando me aproximaba a él mis brazos no se extendían para poder cogerlo y entre gritos de impotencia me despertaba en medio de la noche gritando atada a la camilla de un psiquiátrico.

Llevaba más de nueve meses perdida en la oscuridad sin poder hacer nada para salvar a mi pequeño, me había olvidado completamente de aquellas personas que me amaban y que necesitaban de mí, hasta que un día un sentimiento de resignación o algo de cordura llegó a mí. Fui consciente por un momento de que necesitaba respuestas y que atada a esa camilla no las encontraría. Varios meses después los médicos comenzaron a notar progresos en mi recuperación, mientras yo luchaba en silencio para escapar de aquella terrible pesadilla. Nunca volví a ser la misma persona, sin embargo mis seres queridos se sintieron felices de poder contar con mi compañía en las fiestas de Navidad. Nadie sabía lo que pensaba, sólo me miraban y se sentían felices de que aquellos ataques hubieran desaparecido por completo, pasé meses en silencio buscando respuestas sobre lo que había sucedido, me costó un tiempo centrarme en aquella casa y utilizando el odio que sentía hacia ella decidí indagar en su pasado.

Descubrí que su primer propietario era un constructor y que construyó aquella casa para vivir con su familia, que tenían un hijo y que su mujer estaba a la espera del segundo bebé. Según la historia, el hijo mayor nunca pudo aceptar a su nuevo hermanito, los celos y la impotencia se apoderaron de él hasta que un día incendió la casa y quemó a su familia. Reformaron la casa y la pusieron en venta hasta que la nueva propietaria después de perder a su bebé recién nacido se suicidó y la casa volvió a estar en venta, pronto lo volvieron a comprar, aunque los nuevos propietarios sólo estuvieron un año viviendo allí a causa de un accidente donde la propietaria embarazada murió arrollada por un vehículo. Seguí el rastro del primer sobreviviente hasta descubrir que aquel niño seguía vivo y que era el mismo hombre que disfrazado de agente inmobiliario había entrado en nuestras vidas, el mismo que había mostrado la casa a los anteriores propietarios.

Renuncié a todo lo que tenía, mi hijo mayor ahora tiene otra madre, mi marido por compasión de vez en cuando viene a visitarme en la cárcel de mujeres y sólo por medio de fotografías puedo volver a ver la sonrisa de mi pequeño que ya se ha hecho mayor. Si me preguntan que si estoy arrepentida de todo lo que he perdido y si aquel ataque de locura que me llevó a descuartizar despiadadamente a aquel agente inmobiliario ha merecido la pena, respondería que sí ya que desde ese día he vuelto a recuperar la paz en mis sueños, la terrible pesadilla que me perseguía tanto dentro como fuera del psiquiátrico desde la primera noche que dormí en aquella casa han desaparecido, siento que mi bebé también ha encontrado la paz y que en medio de mi locura lo he podido salvar.

La Güija 25/11/2012 at 2:04 am

Antes de nada quiero comentar que esto no se trata de un cuento de terror ni nada parecido, simplemente deseo narrar lo que me sucedió hace 2 o 3 años y que no me había atrevido a contar a nadie hasta ahora, se trata de un hecho completamente real que espero que toméis en serio ya que se trata de algo muy, pero que muy extraño.

El caso es que un amigo estaba emocionado con el tema del espiritismo y de las güijas y de todas las cosas relacionadas con las historias de fantasmas y con todo tipo de cuentos del más allá. La verdad es que más que emocionado podríamos decir que estaba obsesionado, hasta tal punto que podría tener en su habitación más de 50 libros de estos temas y llegó a escribir el mismo 15 o 20 cuentos cortos de terror y por si esto fuese poco talló su propia tabla de güija para realizar algunas sesiones de espiritismo.

Como supongo que pasará en todos los casos pues siempre había algún gracioso que movía el vaso con el dedo pero la verdad es que la tabla estaba tan pulida que el vaso se deslizaba con una facilidad enorme y de esta forma pasamos unas cuantas tardes divertidas, vacilándonos entre nosotros y prediciendo el futuro de nuestros amigos con mucha guasa y poco respeto.

El caso es que un sábado o un domingo vino una muchacha que era muy miedosa y entre todos logramos convencerla para que participase. Aunque ella no quería e insistió mucho en no hacerlo finalmente entre todos logramos convencerla y cuando apenas habíamos comenzado pasó lo más raro que he visto en mi vida, bueno pasaron varias cosas por lo que es imposible que fuese casualidad.

Lo primero que pasó fue que el vaso comenzó a moverse con una velocidad inimaginable y cuando todos los amigotes estábamos felicitando en nuestra mente a nuestro amigo Manuel (que era el dueño y habitual tramposo en mover el vaso) de repente nos dio por mirar su cara y estaba completamente blanco de puro terror. Supongo que él fue el primero en darse cuenta que algo no iba bien ya que su reacción fue retirar su dedo de inmediato y levantarse de la silla.

En ese momento nos levantamos todos realmente asustados aunque creo que simplemente fue debido a la reacción de Manuel ya que creo que pocos de nosotros supimos en ese momento lo que estaba pasando e incluso hoy por hoy sigo pensando que, dentro de lo que cabe, tuvimos mucha suerte aquella noche.

El caso es que justo en el momento que nos pusimos de pie se escucho un fuerte ruido en el pasillo de la casa y cuando nos asomamos vimos que se había caído una estantería al suelo, además casualmente el vaso había quedado parado justo encima del NO.

Tras un corto periodo de tiempo en el que hablamos de dejar de hacer el tonto Manuel nos contó que no se podía parar una sesión de Güija ya iniciada y que todos corríamos peligro en caso de no seguir con ello por lo que volvimos a sentarnos. Era tanto el miedo que teníamos que decidimos sentarnos y apoyar de nuevo el dedo en el vaso cuando nos sorprendimos debido a que estaba realmente frío.

Tras realizar varias preguntas la verdad es que parecía que recibíamos respuestas, aunque no les encontramos mucho sentido o al menos si alguien se lo encontró no quiso compartirlo con nosotros.

La verdad es que estoy completamente seguro de que comunicamos con un espíritu y esto que os cuento sucedió así. No voy a deciros que a los pocos días la chica apareció muerta ni que uno de mis amigos desapareció porque esto no es un cuento de terror. Esta historia es completamente verídica y os aseguro que ninguno de los allí presentes ha vuelto a entrar un una habitación en la que hubiese una güija.

Historia enviada por Erick Salvador al que damos las gracias.

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Una noche de tormenta 22/11/2012 at 6:16 pm

Hace unos meses, en mitad de la noche nos visitó una tormenta arrasadora, mis padres corrían de un lado a otro recogiendo los objetos que volaban arrastrados por el viento mientras yo abrazada a mi hermana pequeña y pedía a Dios que aquello llegara a su fin. La tormenta fue reduciendo poco a poco a medida que pasaban las horas y cuando llegó la claridad del día nos encontró a mis padres, a mi hermana y a mí escondidos en un pequeño cuarto que había al fondo del pasillo con el terror en los ojos. La verdad es que nunca en mi vida había visto unos rayos como los de aquella noche y creo dificil volver a ver algo parecido.

Cuando salimos del trastero donde nos habíamos refugiado de la tormenta durante varias horas, nos alivió saber que aquello había terminado, sin embargo la casa estaba completamente destrozada e inhabitable. Cuando salimos de la casa todos los vecinos estaban reunidos alrededor y miraban con terror el desastre que había provocado a nuestra familia la horrible tormenta. Un vecino muy amable se apiadó de nosotros y nos invitó a que nos instaláramos en una de sus casas hasta que la nuestra volviera a estar en condiciones para vivir en ella.

Tras un corto camino llegamos con nuestras cosas para instalarnos en aquella antigua casa, mi hermana comenzó a llorar y se negaba a quedarse a vivir allí. Intentamos calmarla, seguros de que estaba viviendo un mal momento y que en ese instante se estaba desahogando de alguna manera después de haber pasado una horrible noche metida en un armario y ver por varias horas el miedo y el terror que sentían sus padres. Cuando al fin se calmó, el dueño de la casa nos aseguró que podíamos quedarnos el tiempo necesario pero nos puso una condición señalando una habitación en medio de la casa donde nos prohibió que entráramos bajo ningún concepto. Cuando vi la cama pensé que dormiría por lo menos 3 días seguido ya que me sentía cansada después de una noche sin poder dormir y horas de tensión y miedo. Desafortunadamente no fue así, cuando llegue a la cama me relaje y cerré los ojos pero de repente un fuerte meneo me despertó, todo estaba oscuro, mire el reloj y había pasado una hora desde que cerré los ojos. Otra vez sentir un meneo y me desperté, me pregunté que podría estar pasando pero estaba tan cansada que no le quería dar importancia e intente volver a dormir cuando por tercera vez me desperté de un corto sueño, eran las cuatro de la madrugada, encendí la luz y me levanté de la cama, me sobresalté cuando vi a mi hermana delante de la habitación que se nos había prohibido abrir. Aceleré los pasos, la cogí del brazo para preguntarle que hacía despierta a esas horas y la solté asustada al ver que no era ella. Una horrible imagen me miró sonriente y desapareció como si de un cuento de terror se tratara, mire a mí alrededor y el silencio absoluto fue en ese momento el sonido más insoportable.

Cuando me levanté del suelo no sabía hacia donde dirigirme, mis padres pensarían que se trataba de una pesadilla, no quería despertar a mi hermana y tenía miedo de volver a mi habitación cuando de repente volví a ver la imagen de una niña a quien había confundido antes con mi hermana. Se aproximaba a mí en medio de la oscuridad, grité con todas mis fuerzas, cuando de repente desperté agitada y empapada en sudor, encendí la luz, eran las cuatro de la madrugada, sin saber muy bien porque me asome y recorrí la mirada por el pasillo de la casa y luego volví a la cama. Eran las 5:30 cuando un fuerte meneo volvió a despertarme, de repente en medio de la oscuridad sentí unos pasos aproximándose y me pregunté cuándo acabaría aquella horrible pesadilla. Sentí como alguien arañaba la puerta de mi habitación y en ese momento quedé convencida de que sólo se podría tratar de una pesadilla, tenía miedo de levantarme, sólo quería despertarme y que todo acabara de una vez. Encendí la luz y estuve mucho tiempo preguntándome que estaba pasando, cuando por fin volví a sentir sueño y decidí que era mejor cerrar la puerta con llave. Cuando bajé los pies, dos manos frías me sujetaron de los tobillos y grite con todas mis fuerzas. Se abrió la puerta de mi habitación y sentí un gran alivio cuando vi los rostros de mis padres. Ese mismo día obligue a mis padres a abandonar esa horrible casa, lógicamente ellos estaban convencidos de que se trataba de una pesadilla, sin embargo me complacieron porque sentían una gran pena y culpabilidad por todo lo que habíamos pasado mi hermana y yo el día anterior.

Después de investigar por mucho tiempo preguntando a los ancianos del pueblo y a los demás vecinos ya que el propietario no quería hablar del asunto e incluso intentó agredirme en una ocasión debido a mi insistencia por saber más sobre aquella casa. Hoy sé que en esa casa vivía una niña y que desapareció de forma extraña, algunos aseguran que la mataron sus padres, otros aseguran que se cayó por la escalera jugando con su hermana y unos pocos dicen que fue obra del diablo pero en lo que coincide todo el mundo es en afirmar que la familia que allí vivia se mudó a los pocos meses de la desaparición de la niña. La verdad es que nunca he creído en los fantasmas ni en los cuentos de terror, sin embargo hay cosas inexplicables. Seguramente si hubiera conocido estas historias antes de mudarme a esa casa no me hubiera importado en absoluto y después de lo sucedido aquella noche hubiera estado más que convencida de que se trataba de un producto de mi imaginación, pero la presencia de aquella niña y todo lo sucedido me hace cuestionarme sobre si realmente existen los fantasmas o todo ha sido una simple casualidad.

Aquella extraña mujer 13/09/2012 at 12:39 pm

 

Cuando tenía cinco años tuve un accidente de coche donde quedé huérfana. Todo este tiempo he vivido con mi abuela, quien me ayudó y me dio todo su cariño para superar ese horrible acontecimiento.

Hoy con 30 años de edad ya no vivo con mi abuela, por circunstancias de la vida mi marido y yo nos hemos vistos obligados a meterla en un asilo, arrepintiéndome por haberla metido allí y no poder hacerme cargo de ella como se merece.

Mi abuela lleva ingresada en el asilo hace tres meses, he intentado  ir a visitarla todos los días porque siento que es una responsabilidad mía, por todo el tiempo que me brindó su amor y su apoyo en los tiempos más difíciles, sin embargo en cada visita me sentía cada vez más incómoda y con ganas de salir corriendo y no volver a ese lugar. Ese comportamiento se debe a la presencia de una señora que siempre está sentada frente a la silla de mi abuela, intenba huir de ella llevando a mi abuela al parque o a otro lugar del asilo donde no  soportar la mirada penetrante de aquella extraña mujer, pero era imposible ya que me perseguia por todas partes.

Siempre tuve buena relación con todos los ancianos del asilo porque me dan mucha pena,  muchos me cuentaban que sus familiares se han olvidado de ellos, por esta razón intentaba mantener conversaciones con ellos para animarles y ayudarles con sus penas. La única mujer que ni siquiera ha sido capaz de saludarme aunque yo haya intentado en varias ocasiones hablar con ella, es la mujer que me probocaba terror cada vez que visitaba ese lugar. En principio quise olvidarme de ella pensando que se trataba de una paranoia mía, pero era imposible ignorarla,  no paraba de seguirme en silencio, con una mirada penetrante y llena de maldad, que por más que lo intento no puedo olvidar, en algunas ocasiones y es cuando más miedo me daba, es cuando parecía darse cuenta del temor que yo sentía hacia ella y comenzaba a reírse de forma maléfica y burlona.

Un día invente una excusa a mi abuela para no ir a verla porque sentía que la presencia de aquella mujer me pesaba y estaba afectándome psicológicamente. Ese mismo día, recibí una llamada de la enfermera del asilo, comunicándome que mi abuela había tenido un accidente, salí corriendo de mi casa dándome toda la prisa del mundo hasta llegar al asilo. Cuando me abrió la enfermera de guardia muy extrañada, sentí una sensación muy extraña en el estómago, le pregunté que tal estaba mi abuela y ella me respondió que como siempre, me preguntó por qué había venido a esas horas. Le dije que me habían llamado para avisarme del accidente de mi abuela y quería saber cómo estaba y verla de forma inmediata.
La enfermera me miró de una forma extraña y me dijo que era la única que estaba de guardia esa noche y que era imposible que otra persona me hubiera llamado. De todos modos insistí en ver a mi abuela, cuando llegue a su habitación la vi durmiendo tranquilamente, estuve contemplandola durante cinco minutos, aliviada de que estuviera bien, cuando me di la vuelta para volver a casa me sobresalte al ver en la puerta aquella extraña anciana. Nunca la había visto de pie hasta ese momento, sentí escalofrío por todo mi cuerpo, intenté calmarme para que ella no lo notara, le reproche que estuviera en una habitación que no era la suya, pero ella se limitó a sonreír mirándome de arriba abajo inclinando el cuello de un lado a otro.

Quería gritar pero no sé por qué motivo no lo hice, cuando de repente me sentí arrojada en el suelo, aquella mujer me había empujado con una fuerza superior a la que podría tener una persona de su edad. Me quedé tumbada en el suelo sin poder mover un solo dedo de mi mano, veía como lentamente se acercaba a mi con esa mirada que tanto temor me provocaba, se arrodilló sobre mis hombros y me susurró en el oído las mismas palabras que había pronunciado la enfermera esa noche cuando me llamo para avisarme del accidente, en ese momento sentí como mi corazón latía de prisa, más que una pesadilla, aquello parecía un cuento de terror, sin poder reaccionar de ninguna manera. Recorrió mi rostro penetrando su mirada en mis ojos y me besó de una forma asquerosa luego me dijo susurrando “mami está aquí, ya no tengas miedo”, en ese momento entró la enfermera y me preguntó asustada que hacía tirada en el suelo.

Hoy sólo puedo hablar con mi abuela por teléfono, hasta que acaben los papeleos necesarios para su traslado a otra residencia, espero que ésto acabe pronto y no seguir escuchando su horrible voz  cada vez que llamo a mi abuelita.

Dioses Terrenales – Javier Martínez Mas 05/09/2012 at 9:25 am

Dioses Terrenales es un libro del escritor Javier Martínez Mas que como la mayoría de sus libros anteriores se interesa por el misterio del mundo y sus componentes.

Esta vez Javier Martínez Mas con Dioses Terrenales nos lleva a un mundo de misterio donde descubriremos sucesos inimaginables del mundo. En principio la historia trata de un doctor forense llamado Sergio Molina. Este médico forense que trabaja en su propia ciudad, en el Instituto de medicina y que cuya vida se ha vuelto rutinaria, enfocada al trabajo y muy aburrida después de una trágica separación.

El doctor forense Sergio Molina trabaja de forma rutinaria, centrado en su trabajo para intentar olvidar los problemas que lo acechan, de repente un día cualquiera recibe una visita inesperada que tiene que ver con su pasado, un acontecimiento tan importante para él que hará que toda su vida se vuelva del revés. Sin pensarlo siquiera se hallara envuelto en una cadena de sucesos que en el pasado ni siquiera se le hubiera pasado por la mente, este acontecimiento lo conducirá a realizar una búsqueda incansable para intentar conseguir respuestas sobre los misterios del mundo. Esta búsqueda lo llevara hasta los confines del planeta y lo ayudara a obtener respuestas inesperadas para cualquier ser humano y donde el doctor forense descubre que ha estado viviendo en un mundo de mentiras, que nada en los que  hasta ese momento había creído era verdad.

Es una novela realmente interesante con más de 700 páginas que nos ayudará a descubrir misterios y sucesos del pasado y que siempre han estado fuera de nuestro alcance, espero que os animéis a leer este fascinante libro que sin duda provocará en las personas que lo lean curiosidad, dudas sobre el universo, la existencia real o ficticia de los dioses del mundo y millones de preguntas y respuestas en sólo 700 páginas.